UN IDEALISTA DEL TEATRO
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| Nota: Alan Julio Suave | Fotos: Lucía Herrera |
- ¿Cuando comenzaste con la actuación?
A los 24 años arranqué teatro con un grupo en el Teatro La Nona de La Plata.
- ¿Cómo se creó este teatro en la Franja?
Nicolás, un amigo, me llamó con la propuesta de levantar un teatro en el galpón de al lado de mi casa, y yo le dije que sí, que había que preguntarle a mi Papá pero que creía que iba a decir que sí. Así fue que armamos un cuadradito muy chiquito acá adentro para comenzar, y con eso ya eramos muy felices. El grupo La Viruta fue mi vida en el año 2000.
-¿Cómo se fundó el grupo La Viruta?
Éramos un grupo de 20 personas en La Nona, teníamos entre 24 y 40 años, decidimos irnos y probar juntos en otro lado. El nombre La Viruta se lo puso Andrés Cocca; porque antes el Galpón era una carpintería.
El día 21 de diciembre del año 2000 inauguramos el Teatro del Galpón con la obra “La Nona” con una excelente puesta en escena del director Gustavo Delfino.
-¿Quién fue tu referente en la actuación?
Siempre me gustó el humor del Negro Olmedo, pero con el correr de los años conocí otras propuestas como el teatro dramático de Norman Briski. Hacía teatro popular en los años 70, y formó un grupo llamado Octubre en el que hacían teatro con compromiso político. Luego vino la dictadura, Norman se exilió y volvió en el año 1986 creando el "Calibán", lugar donde me formé.
-¿Cómo reaccionaron tus papás cuando les dijiste que te querías dedicar al teatro?
Bien, mi papá quería que yo fuera médico y que ganara plata, pero nunca me impidió nada, y mi mamá me apoyó mucho, a pesar de que tambié quería que estudiara una carrera universitaria.
-¿Pensás en volver a "Calibán"?
Iría desde otro lugar, a aprender de otra manera. Me interesa más lo social de Calibán.
-¿Cuáles son tus metas y cómo ves el futuro en el Teatro del Galpón ?
Me imagino muchas cosas. Estamos con la asociación civil Amanecer desde el año 2003-2004, hicimos muchas obras para amigos. Ahora somos un grupo reducido pero apuesto a que seamos más, apuesto al grupo humano que es lo principal, y a que se siga sumando mas gente.
-¿Como te ves vos con el teatro?
Me veo más maduro, haciendo teatro con los chicos y creciendo junto a ellos.
UN EJEMPLO DE ESPERANZA, SOLIDARIDAD E INTEGRACION
Parado frente a 30 chicos en el Teatro del Galpón encontramos al abogado y profesor de teatro Franco Javier Giglino, inculcando el amor al teatro, a la actuación y en palabras mayores al Arte.
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| Nota: María Recalde | Foto: cortesía A.C. Amanecer |
Este espacio de Integración Social por el Arte como lo describen sus propulsores, surge al ver a tantos chicos en las calles sin nadie que los ayude y les dé una mano.
-¿Cuál es tu profesión Franco?
Mi profesión es estar cerca de los pibes, pero soy abogado. También actúo, dirijo y escribo teatro.
-¿Qué es el teatro para vos?
Con el teatro estoy casado, y dentro del teatro todo me gusta, dirigir, enseñar, actuar, producir. Todo.
-¿Qué es para vos el arte social?
El arte social es una herramienta de transformación. Primero la herramienta tiene que ser ganada por el protagonista, o sea, por cada uno de los chicos, cuando ellos se sienten protagonistas ahí empiezan a transformar su propia personalidad y desde ahí pueden empezar a construir un montón de cosas, entre ellas darse cuenta que tienen muchísimas potencialidades para expresarse, muchísimas posibilidades de ir incorporando nuevos conocimientos y de llevarlos a un escenario, plasmarlo en una escena y poder compartirlo con el público que es el destinatario final de todo nuestro aprendizaje y de nuestras construcciones.
-¿Cómo surgió el espacio de amanecer en este teatro?
Mira, eso fue muy loco porque nosotros veníamos a hacer teatro en la zona y estábamos en una guardería en el barrio de Villa Alba y en una capilla del barrio El Carmen, y pase un día por acá y vi un cartel que decía teatro y lo primero que pensé fue: “a qué loco se le ocurrió armar un teatro acá en este espacio”. Golpee las manos, como en el campo, y salió Ariel (el dueño), y desde ese momento me dijo: ¿Querés conocerlo? En ese entonces era muy distinto a lo que es hoy en todo sentido. Me fascinó, el espacio me pareció loquísimo pero atrapante, muy sugestivo. Y entonces Ariel me dice si quería usar las instalaciones. Y así empezamos. Trajimos a los chicos desde allá, a ellos les encantó y eso les posibilitó sentirse que ya estaban en un teatro.
-¿En qué consiste el trabajo que se realiza con los chicos?
El trabajo consiste en socializar conocimientos con el teatro, poder compartir experiencias, realizarlo juntos arriba de un escenario, incorporar valores y contenidos, y también a divertirnos, porque el teatro es una fiesta y eso nos hace bien a todos; nos sentimos mejores como sujetos y mejores con el otro, con el amigo, con el compañero. Si bien siempre puede haber diferencias todo eso se puede subsanar tanto desde el plano real hablando con las partes como en el plano ficcional jugando la situación que nos acaba de pasar en la escena. Creo que es una herramienta que te sensibiliza, te permite expresar, salir de tus miedos, temores, vergüenzas, de tus inhibiciones; y te proyecta hacia un montón de cuestiones que uno por ahí no se da cuenta, pero que con el tiempo dice: ¿y esto de donde lo saqué?, ¿de donde tengo esto? Y eso lo da el arte, lo da ser un artista, ser un actor, ser alguien que escribe, ser alguien que pueda expresarse y que pueda dirigir su discurso o su arte hacia otros.
-¿Sabemos que el Teatro del Galpón trabaja en conjunto con la Fundación Amanecer, en qué consiste ese trabajo?
La Asociación Amanecer nace así, nace como un proyecto de teatro social, de arte social, de integración social por el arte. Integrando chicos que estaban en situación de calle con actores ya formados y así nace el primer proyecto que se llamó: "Amanecer Bajo los Puentes", que fue la primer obra que hicimos, y después de esa vinieron muchas obras más. Esa misma experiencia que nosotros pudimos vivir nos invitó a recorrer otros territorios, a conocer a otros chicos, a meternos en los barrios, a ir a escuelas rurales y hacer tareas con ellos. Y entonces se empezó a agrandar nuestro Amanecer y cuando nuestro amanecer se agranda es porque se está agrandando el amanecer de muchos chicos también; entonces de eso se trata de que entre todos podamos encontrar el sol de la expresividad y de la creatividad que tenemos todos adentro y que lo podamos sacar afuera.
Aparte de ser un proyecto bastante ambicioso, porque cuando se trabaja con los chicos no se sabe cuál va a ser la respuesta que se va a recibir.
-¿Cuál fue la respuesta que recibieron ustedes?
Siempre muy buena en términos de que los chicos se identifiquen con el proyecto rápidamente, se sientan parte. Una de las experiencias más ricas de todo este proyecto es que nosotros no teníamos que ir a buscar a los chicos, los chicos venían solos y nos esperaban. Me acuerdo por ejemplo cuando trabajamos con los chicos en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires, nosotros planteábamos el taller a una hora determinada y los chicos que vivían en la calle no tenían reloj, no tenían aparentemente noción del tiempo, ellos llegaban una hora antes que nosotros y cuando llegábamos nosotros nos marcaban que estábamos llegando tarde. Lo mismo nos pasa cuando llegamos acá al barrio, eso es maravilloso, cuando eso pasa está empezando a suceder la magia de esta construcción que estamos haciendo los unos con los otros; porque esto lo construyen los chicos con nosotros y nosotros construimos a partir de lo que los chicos nos motivan.
-¿Cómo ves ésta construcción dentro de 10 años?
Yo veo que vamos a seguir conociendo muchos chicos, que vamos a descubrir talentos. De acá a 10 años me veo mucho más grande, pero con el mismo espíritu. A pesar de mis 57 años me siento una persona joven porque estoy en contacto con los jóvenes, la verdad es que la energía de ellos a mi me nutre. Quizás voy a venir a aplaudirlos y a ver el fruto de trabajo y porque no, encontrarlos un día en una película, en la tele o con un elenco. Actuando en alguna sala o con una mochila viajando haciendo teatro en cualquier lugar, ese es un sueño hermoso para cualquier artista. Todo eso puede pasar, y creo que el teatro puede abrir muchas puertas, todo depende del espíritu de uno, de la formación de la escuela, del acceso a la cultura; hay que leer más, hay que leer porque el actor no puede ser un ignorante. Tiene que ser una persona que desde su sensibilidad ponga todos sus conocimientos y su cultura al servicio de una comunidad que necesita escuchar porque no lee; que necesita ver porque pasan muchas cosas y no lo registran. En cambio, el teatro te obliga a registrar y eso también lo necesita la gente. Porque la gente no tiene la costumbre de sentarse a presenciar el arte y a enriquecerse, entonces para eso también hay que prepararse no sólo como actor, sino desde la cultura, por eso decimos que la escuela es muy importante, no hay que dejar la escuela y hay que seguir cultivándose y soñando con abrazar una profesión independientemente de la profesión del actor.
Reflexión: Sigan Implosionando, es decir, que sigan buscando, investigando, soñando, construyendo, proponiendo proyectos, motivándonos para que no estemos con los brazos caídos, a seguir impulsándonos a nosotros a construir más cosas para los jóvenes. Lo que nosotros queremos ver en ustedes es más hambre, hambre de querer construir más cosas, entonces siempre hay que ir por más. Si todos ponemos la energía sumada vamos a hacer un grupo que con mucha sinergia vamos a poder lograr muchas cosas. Ser artista implica revolucionar y transformar cosas. Aliento, fuerza y sueños!!


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